Una triste despedida
Ella le salvó la vida arriesgando la suya cuando el techo de su casa se le vino encima y lo cubrió con su cuerpo aunque no puso evitar que sufriera lesiones graves en la cabeza y un brazo. Por eso ahora se cree con derecho acompañarlo hasta el final; pero no tiene espacio en ese aparato con alas y sonido estruendoso que no le permite ni siquiera oir el adios con que se despidió de su hijo que solo la mira con sus ojos grandes, triste y oscuro como el color de la noche.
Dos jóvenes voluntarias la halan y otra la consuela y mientras el helicóptero subía , dos lágrimas ruedan por sus mejillas cayendo en el pecho donde tiene sus dos manos. Es quizás la despedida más triste para este madre haitiana, pero es el camino a la esperanza y a la vida de su hijo.
La escena de la que fui testigo sucedió en el hospital Buen Samaritano de Jimaní, cuando su hijo fue trasladado en helicoptero hacia la ciudad capital.